Y tras su repentino cambio de humor dejé de mirarlo. Me levanté del sofá, me puse los zapatos y salí a correr. Llevaba mi ipod en el bolsillo, como de costumbre. Necesitaba escucharle, su grave y perfecta voz siempre hacía que mi cuerpo se llenara de felicidad.
"Cuando hay algo que decir, no se puede uno callar, porque callar es morir". Kutxi Romero.

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